Texto base: Apocalipsis 7:9 – “Después de esto vi a mucha gente de todos los países, y de todas las razas, idiomas y pueblos… ¡Eran tantos que nadie los podía contar!”
Cada uno de nosotros es una pieza única en el gran mosaico de la creación de Dios. Dios nos ha creado diversos, con diferentes trasfondos, historias y talentos. Y esta diversidad es intencional; es una expresión del amor y la creatividad divina.
Dios no nos llama a ser todos iguales, sino a unirnos en armonía. Al igual que en un mosaico, cada persona aporta algo especial y necesario al conjunto. Cuando aceptamos y valoramos la diversidad, permitimos que Dios cree algo hermoso a través de nosotros.
Reflexión práctica: Piensa en cómo puedes valorar más a los demás por sus diferencias y sus dones. ¿Cómo puedes ser un reflejo del amor de Dios, que abraza a todas las personas? Tal vez eso signifique hacer un esfuerzo por conocer a alguien diferente o mostrar amabilidad y respeto hacia quienes piensan distinto.